Hola, soy Agos.
Soy de Daireaux, una ciudad chica de la provincia de Buenos Aires, a unos 400 km de Capital. De esas ciudades tranquilas, agrícolas, donde todo el mundo se conoce. Soy la única hija mujer de cinco hermanos — la del medio — así que sí, fui bastante mimada.
La contadora que no quería ser contadora
En 2019 me recibí de Contadora Pública con 21 años. Y ya en ese momento sabía que no era lo mío. No me llenaba, no me imaginaba sosteniéndolo por años. En 2020, como a muchos, la pandemia me dio el empujón para arrancar terapia — algo que hoy, en 2025, sigo haciendo y recomiendo sin dudar. Es una herramienta de conocimiento personal que me cambió la vida.
En terapia me puse una meta: a los 30 iba a dejar los números para dedicarme 100% al cuero. Pero de a poco la fecha se fue adelantando. 28, 27… hasta que a los 25 renuncié. Con un nudo en la garganta y la incertidumbre a tope. No hay respuestas, solo preguntas — y solo quienes vivieron algo parecido saben de qué hablo.
El equipo que no esperaba
En ese momento ya tenía dos manos extras dispuestas a sumarse. Lucho — Luciano, mi hermano — dejó la carrera de Contador Público a siete materias de recibirse para hacer algo que le diera felicidad de verdad.
Arrancamos trabajando hasta el cansancio desde el quincho de la casa de papá y mamá. Yo cortaba y cosía, él ultimaba detalles, empaquetaba y se encargaba de que cada paquete llegara a destino.
De a poco, gracias a la confianza de cada uno de ustedes, fuimos comprando máquinas y más cueros. Hasta que un día logramos salir del quincho para tener nuestro propio espacio.
Hoy somos un equipo que trabaja codo a codo, full time, con las manos, desde una ciudad chica de Buenos Aires.
Esperamos que disfruten tanto usar estas prendas como nosotros disfrutamos hacerlas. ❤️
— Agos y Lucho